Monday, September 11, 2017

Jot Down Cultural Magazine: La redención de Froome, el adiós de Contador y más cosas que nos dejó la Vuelta 2017

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La redención de Froome, el adiós de Contador y más cosas que nos dejó la Vuelta 2017
Sep 11th 2017, 09:06, by Guillermo Ortiz

Alberto Contador y Chris Froome. Foto: Cordon.

La Vuelta a España es dada a resultados extraños. En retrospectiva, puede que el triunfo de Juanjo Cobo sobre Chris Froome en 2011 sea de los más chocantes de la historia de las grandes rondas por etapas. Por encima incluso de cuando Chris Horner le ganó en 2013 a Vincenzo Nibali o cuando Melcior Mauri hizo lo propio en 1991 a Miguel Indurain. En cualquier caso, la redención se ha completado: después de años y años intentándolo, Chris Froome por fin tiene la Vuelta en su palmarés. La suya ha sido una historia de obstinación con esta carrera, la que sirvió para colocarle en el mapa: en 2012, quedó cuarto; en 2014, segundo, detrás de Contador, y en 2016 repitió segunda posición, solo superado por Nairo Quintana.

Probablemente, Froome no necesitara nada de esto, porque hablamos de un hombre que ha ganado ya cuatro Tours de Francia, pero a cada uno las espinas clavadas le duelen a su manera. Frente al academicismo de sus victorias en el Tour, la Vuelta siempre ha tenido un punto exótico, imprevisible, de subida de cabras y bajadas suicidas. Puede que ganar en París ya sirva para pasar a la historia del ciclismo, pero ganar en Milán o en Madrid aporta un punto épico que ninguno de los grandes campeones ha querido rehuir. Incluso Lance Armstrong preparó el asalto a sus siete Tours con un iniciático cuarto puesto en la Vuelta de 1998, la de la guerra civil entre Olano y Jiménez.

En definitiva, la edición de este año se recordará siempre por el éxito de Chris Froome, pero también por la variedad y el entretenimiento de la mayoría de sus etapas. Quede a continuación un pequeño resumen de lo que nos han dejado estas tres semanas:

1. El triunfo de Froome es a la vez el triunfo de Sky. La «científica» escuadra británica ya había demostrado un control absoluto, agobiante en ocasiones, sobre el Tour de Francia pero Italia y España se le resistían año tras año. Cansados de tanto fracaso, optaron por formar un equipo de ensueño y no dar tregua en ningún momento. Sin un Valverde o un Purito que sacarle de punto en las cuestas del 18%, Froome siempre se sintió a gusto al ritmo que marcaban sus compañeros y supo sacar ventaja en la primera semana a sus principales rivales. ¿Su fórmula? No falló nunca. O al menos no demasiado. Desde 1978, cuando lo lograra Bernard Hinault, nadie había conseguido el doblete Tour-Vuelta.

2. Un ritmo como el del Sky solo es posible conseguirlo con corredores sensacionales. Destacar a Mikel Nieve o a Wout Poels, que se permitió acabar sexto en la general, sería lo más lógico, pero la gran revelación del equipo ha sido el italiano Gianni Moscon. El italiano de veintitrés años, después de una temporada que incluyó una sanción de su propio equipo por insultos racistas al francés Kevin Reza, ha firmado una Vuelta colosal: ha marcado el ritmo en el llano, en las subidas y en los descensos, llegando incluso a meterse en algún sprint reducido en busca de la victoria de etapa como el de Tomares. A Moscon ya lo conocíamos de vueltas pequeñas y clásicas como la París-Roubaix, donde quedó quinto este mismo año, pero esta ha sido su consagración a nivel de grandes vueltas. Es difícil crecer en un equipo como el Sky, pero, con ambición, este chico llegará muy lejos.

3. Último apunte sobre la victoria de Froome: aunque la cimentó en la primera semana y supo limitar los daños cuando las cosas no fueron tan bien en la segunda, es indudable que encontró un aliado en la contrarreloj de Logroño. Por fin los organizadores de una gran vuelta se atrevieron a meter una crono de cuarenta kilómetros y, como se vio, no se acabó el mundo. Froome ganó, sí, pero no sentenció nada. Ahora que Giro y Vuelta parecen competir en cuál de las dos carreras suma más llegadas en alto, es bueno que alguien se acuerde de los rodadores.

4. Vamos con el resto y lo justo, patriotismos aparte, es empezar con el segundo, es decir, con Vincenzo Nibali. Del italiano siempre esperamos lo imposible y quizá este año se quedó algo corto. No se le recuerdan grandes ataques ni grandes desfallecimientos. Sus descensos no marcaron época, casi siempre pudo responder a los ataques ajenos en montaña y se defendió en la contrarreloj. Un trabajo limpio con victoria incluida en Andorra, es decir, una actuación muy parecida a la del Giro de este año, donde también acabó en el podio pero sin amenazar nunca de verdad la victoria de Tom Dumoulin. Quizá, a los treinta y dos años para treinta y tres, es todo lo que podemos pedir del «Squalo». Aunque sepa a poco, lo cierto es que la edad no perdona a nadie.

5. La lucha por el tercer escalón del podio se resolvió en la penúltima etapa, cuando Wilco Kelderman dijo por fin «basta» en el Angliru y se dejó casi un minuto con Ilnur Zakarin. Probablemente, fuera lo más justo: el ruso fue a más a lo largo de la carrera y, sin ir nunca sobrado de fuerzas, al menos lo intentó varias veces. Ataques muy suaves, que hacían muy poco daño, pero que mostraban un enorme empeño. Es un momento clave en la carrera de Zakarin y en la de Katusha en general después de un año para olvidar. Si solo va a poder luchar por terceros o cuartos puestos, tal vez le convenga volver al papel de francotirador que se deja caer en la general para aspirar a ganar etapas de montaña. En el fondo, es más agradecido e incluso más vistoso.

6. La citada rendición de Kelderman no empaña lo que ha sido una excelente Vuelta a España para el holandés. Excelente… e inesperada a estas alturas. Kelderman asombró al mundo en 2014, con veintirés años recién cumplidos, cuando acabó séptimo en el Giro y cuarto en la Dauphiné pocas semanas después. Desde entonces, su trayectoria daba muestras alarmantes de estancamiento. El cambio de equipo —abandonó el Lotto Jumbo para irse al Sunweb— parece haberle sentado de maravilla. Verle subir esas cuestas imposibles sentado, como si de un Dumoulin se tratara, resulta de lo más esperanzador.

7. Por cierto, otra muestra del acierto que supuso irse al Sunweb es la fidelidad absoluta que el equipo mostró hacia él. Aunque en principio partía con tres líderes potenciales —Warren Barguil y el jovencísimo Sam Oomen también contaban en algunos pronósticos— lo cierto es que sus directores deportivos nunca dudaron de él. A Oomen le hicieron trabajar lo indecible hasta que se tuvo que retirar. A Barguil directamente le echaron de la carrera cuando se negó a hacer lo propio. Puede que deportivamente la decisión fuera un error, porque cambiar las posibles victorias de etapa que habría dado el francés por un cuarto puesto de Kelderman quizá sepa a poco, pero en términos de disciplina fue un auténtico puñetazo en la mesa, de los que obligan al líder a no rendirse nunca. Cabe preguntarse si habrían actuado igual en caso de que Barguil no hubiera fichado ya por el equipo Fortuneo para el año que viene.

8. Vamos ya con Alberto Contador. De entrada, cuesta glorificar la carrera de alguien que ha sido sancionado por dopaje y que a lo largo de su carrera ha pasado de trabajar con Manolo Saiz a hacerlo con Johan Bruyneel, de Johan Bruyneel a Alexander Vinokourov, de Alexander Vinokourov de nuevo a Johan Bruyneel y de ahí a Bjarne Riis. Esto tiene que quedar claro de entrada, pero también tiene que quedar claro que acaba su carrera con siete grandes vueltas en su palmarés, que subió hasta nueve veces a lo más alto del podio, aunque dos fueran anuladas posteriormente, y que ha sido competitivo durante más de una década a un altísimo nivel. Su Vuelta 2017 fue una dignísima despedida: pese a los tres minutos que perdió de primeras, no se rindió nunca y acabó en quinto lugar por un despiste en la última etapa. Sus ataques fueron objeto de burla, como se ha puesto de moda, pero eran los ataques de alguien que aunque ya no es dominador al menos lo intenta. Si criticamos a Quintana por no atacar nunca, no vamos a criticar a Contador por hacerlo incluso cuando no tiene sentido alguno…

9. De hecho, en ocasiones, el arrojo de Contador resultó excesivo, como cuando atacó camino de Gijón en un puerto de segunda —su especialidad, pero, vaya, ¿por qué no?— y pensó que entre Edward Theuns y él iban a mantener a raya a todo el pelotón. Uno ya no sabe si de verdad esos ataques son cara a la galería o van en serio, pero las experiencias de 2012 y 2014 deberían hacer pensar lo segundo. En cualquier caso, lo importante es que al día siguiente no acusó el esfuerzo y consiguió la victoria en el Angliru.

10. Esa victoria de etapa le quitó un poco el mal sabor de boca del segundo puesto logrado en Los Machucos, donde fue incapaz de dar caza al austriaco Stefan Denifl. De hecho, para mí, y aunque Rafa Majka hizo algo parecido días antes, esa victoria de Denifl es la gran victoria de la Vuelta. Después de pasar desapercibido durante dos semanas, el corredor del Aqua Blue se metió en la fuga del día, fue dejando a todos sus rivales en la última ascensión… y apenas cedió unos veinticinco segundos con Contador en esos durísimos cinco kilómetros. Lo llamativo es que el de Pinto fue capaz de sacar medio minuto a Nibali y Zakarin y más de un minuto a Froome, en su único día malo de la Vuelta. En otras palabras, que después de no sé cuántos kilómetros de fuga, Denifl fue capaz de meterle tiempo en la subida final a todo un cuatro veces campeón del Tour.

11. La victoria de Contador sirvió también para evitar el bochorno de una Vuelta sin ganadores de etapa españoles. No sucedía desde 1996, así que no es poca cosa, y el hecho de que lo haya conseguido un corredor de treinta y cuatro años en su última carrera como profesional da muestra del gran vacío que se abre detrás de la llamada «generación de oro» del ciclismo español. Con todo, no hay que ser pesimistas: ese vacío se acabará llenando a no tardar demasiado. Aparte de David de la Cruz, otro hombre que quizá haría mejor en luchar por etapas y no por generales, el papel de Marc Soler fue brillante. De él se esperaba que hiciera un buen papel en la general pero aún es pronto para eso. En vez de conformarse con un decimotercer puesto o similar, Soler luchó cada día, metiéndose en numerosas fugas. Se puede aprender a ser competitivo de muchas maneras, pero en esta Vuelta Marc se ha pagado con sudor un «Master» formidable.

12. Los otros dos grandes nombres jóvenes de esta edición han sido el catalán Enric Mas, que venía de una excelente Vuelta a Burgos, y el asturiano Iván García Cortina, de veintidós y veintiún años respectivamente. Cortina no solo consiguió acabar dos etapas entre los cinco primeros sino que además fueron dos de las tres últimas, es decir, que acabó pletórico. No es lo habitual a esas edades y, si tiene tanto fondo como velocidad, este chico nos va a dar muchas alegrías. Por lo demás, el ciclismo español ha estado representado por los nombres de siempre: Dani Moreno, José Joaquín Rojas, Luis Ángel Maté, Luis León Sánchez y compañía. Bien por ellos, mal por los que tendrían que haber cogido su relevo.

13. Hubo un momento en el que Miguel Ángel López pareció insuperable en la montaña. Pese a haber perdido un buen tiempo en la general —o precisamente por ello— el colombiano logró dos etapas y un segundo puesto casi consecutivos en la segunda semana de competición. Es una excelente noticia para el ciclismo porque la grave lesión que sufrió a finales del año pasado bien podría haberle apartado de la élite, más aún cuando nada más regresar volvió a caerse en Suiza y se fracturó un dedo. A los veintirés años (otro de 1994, una camada impresionante), «Superman» consigue así sus primeros triunfos en una gran vuelta, que sin duda no serán los últimos.

14. Durante unos días, como suele suceder, pareció que esta iba a ser la vuelta de Tejay Van Garderen… pero no. El problema del estadounidense no es que tenga un día malo, sino la sucesión de días mediocres que suceden a ese día malo. Después de pasarse diez etapas coqueteando con el maillot rojo, se dejó tres minutos y medio en Calar Alto y no recuperó en la contrarreloj como se esperaba. Al menos salvó su puesto entre los diez primeros, algo que no consiguió su compañero Nicolas Roche. Una Vuelta algo decepcionante para el BMC si se compara con el año que llevan. No es fácil cambiar de un día para otro los planes de todo un año por un positivo como el de Samuel Sánchez. Eso sí, consiguieron ganar la contrarreloj por equipos del primer día, su gran especialidad. De Rohan Dennis, nada se supo.

15. Para decepciones, la del equipo Orica. Se presentó en la salida de Nimes ni más ni menos que con Chaves, los dos hermanos Yates y el prometedor Jack Haig, del que se espera muchísimo. Los cuatro llegaron a estar entre los veinte primeros de la general pero fueron cayendo: primero los hermanos Yates, luego Chaves, de manera bastante inopinada, y por último el propio Haig, que parecía el único resistente. Lo intentaron metiéndose en fugas pero nada. Por no funcionar, no funcionó ni Magnus Cort Nielsen en los pocos sprints de los que disfrutó. Una decepción en toda regla.

16. Y es que el gran dominador de los sprints este año ha sido Matteo Trentin, una barbaridad de corredor condenado a trabajar siempre para otros. En cuanto ha tenido un poco de libertad, Trentin se ha llevado cuatro etapas y no han sido cinco porque le cedió una a su compañero Yves Lampaert. Su Vuelta ha sido fascinante: no solo ha sido el más rápido —es cierto que tenía muy poca competencia— sino que ha sido de los más combativos, colándose en fugas, buscando victorias improbables y manejándose con gran soltura en la media montaña. Al final se quedó a dos puntos de llevarse el premio de la regularidad, que también fue para Froome. En una Vuelta sin apenas etapas para rodadores, su mérito es formidable.

17. Último repaso a los demás ganadores antes de cerrar y pensar en lo que nos traerá 2018, con la generación del 92 y la del 94 preparadas para dar el hachazo: el italiano Davide Villella se llevó la clasificación de la montaña y lo hizo como se estila últimamente: sin ganar ninguna etapa ni estar nunca con los mejores escaladores… pero sumando puntos escapada tras escapada. No sé si eso le da mucho prestigio al galardón, la verdad, pero eso no es culpa del pobre Villella ni sé cómo se puede arreglar. La combatividad, como no podía ser de otra manera, fue para Contador. Thomas de Gendt volvió a quedarse a las puertas pero al menos esta vez se llevó una etapa, completando el excelente trabajo del equipo Lotto Soudal. Por último, la clasificación por equipos fue para Astana, que hizo valer la combinación de fugas —Lutsenko— y montaña —Aru, Bilbao y López— mejor que Movistar y Sky. De hecho, que Movistar haya conseguido ser segundo en la clasificación con Rojas (22º) como mejor de la general demuestra un mérito enorme.

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